De Guardiola a Oliva. (Publicat al Diari de Tarragona, el dia 13 de setembre de 2011)

De Guardiola a Oliva. (Publicat al Diari de Tarragona, el dia 13 de setembre de 2011)

De Guardiola a Oliva.

 

Escribo estas líneas en plena fiesta mayor de Montblanc, viendo ondear desde mi balcón una inmensa bandera, de esas que hacen caer a Cesc Fàbregas en el ridículo justificativo de algo que no tenía porqué justificar, y con la casa Desclergue al fondo, como invitándome a reflexionar sobre la razón primigenia que lleva a las personas y los pueblos a triunfar, a mantenerse, a ser aquello que desean ser, a ser dueños de su futuro.

 

La casa Desclergue representa todo el esplendor de un pueblo que fue referente en Catalunya hace setecientos años; la bandera estelada la diseñó un conciudadano ilustre, residente en Cuba (Conangla i Fontanilles), con el cual me unen no solo la pasión por Montblanc, sino una profesión común y la inmensa satisfacción de que mis abuelos y tíos cuidaran de su familia durante toda su vida, sin pedir nada a cambio; y mi balcón es ese mirador espléndido sobre gigantes y cabezudos cuando bailan bajo la soleada casa consistorial.

 

Pero no es de la fiesta mayor de mi villa ducal de lo que quería hablar, sino de liderazgos. Helmunt Khol criticando a Merkel por su falta de audacia; Felipe González azuzando a Rodríguez por lo mismo; Tony Blair metiéndose con Cameron por su falta de visión estratégica; Delors predicando Europa en medio de un mar de descreídos, y los franceses intentando olvidar que la única alternativa a Carla Bruni (perdón, a Sarkozy), puede ser alguien con mayor actividad del ombligo a los pies, que de la cabeza al ombligo.

 

La política, que no podemos olvidar que no es más que el arte de hacer posible lo necesario, la hacen los hombres y las mujeres; no la hacen los medios de comunicación¸ aunque sin el beneplácito de los medios de comunicación las mejores propuestas se vuelvan invisibles, inexistentes; no la hacen las redes sociales, aunque sin presencia en las redes sociales las ideas políticas no traspasen en conocimiento ciudadano el felpudo de su casa;  no la hacen las reuniones del partido, aunque sean un elemento imprescindible para la evaluación de un proyecto; la hacen los líderes, y ahí es donde quería llegar, aunque fuera desde el ámbito de los entrenadores de futbol.

 

En menos de  cuarenta y ocho horas he leído dos declaraciones: “Vamos a Valladolid a jugar la eliminatoria de Copa del Rey, pero nuestros objetivos son otros …” (Juan Carlos Oliva), y “Este es un país que si madruga y trabaja, puede ser imparable …” (Pep Guardiola).

 

Líbreme Dios de criticar al entrenador de mi Nàstic en el terreno futbolístico. Líbreme la Verge de la Serra, Sant Matias, Sant Magí y Santa Tecla, de compararlo con Guardiola. Pero si me parece interesante comparar sus mensajes. El líder, ese que crea equipo; ese que hace que la gente con la que trabaja se llegue a creer que es la mejor en su ámbito laboral, profesional;  ese que sabe que los partidos, las elecciones, las crisis, los/las  ganan los que le rodean; ese que estimula, que aplaude, que hace que el otro saque lo mejor de si mismo, … ese es el líder.

 

Decirle a sus jugadores que la Copa no nos interesa (cosa que nuestros entrenadores hace demasiados años que nos dicen), es no creer en esos jugadores, y ello lleva al fracaso en la Liga. Decirle a los griegos, portugueses, irlandeses, que ellos no son “el problema”, es no creer en Europa.

 

Decirles que creemos en ellos, por qué sabemos que se levantan pronto, que hacen ejercicio físico para mejorar su autoestima, que compatibilizan trabajo y estudio para mejorar su nivel, que tienen iniciativa en el trabajo, que creen en sus compañeros, que saben que una parte de su esfuerzo debe destinarse a finalidades sociales, que tienen en alta estima mantener su entorno en unos parámetros saludables, que saben que lo que están haciendo no es sino sembrar lo que deberán recoger sus hijos y sus nietos … ese es el líder que Europa necesita, una Europa imparable  … si es capaz de parir líderes que crean en ella, siempre y cuando sean capaces de madrugar y trabajar, y trabajar, enamorados de su trabajo.