Flix. (Article publicat al Diari de Tarragona del dia 10 de març de 2013).

Flix. (Article publicat al Diari de Tarragona del dia 10 de març de 2013).

30 novembre -0001 0:00 0 Comentaris

Flix

 

Cuando uno era diputado por nuestra circunscripción electoral, allá por el siglo pasado, le tocaba trajinar con los temas de “la fabrica”. Estabas en la oposición, y las fugas de color amarillo revoloteando el cielo de Flix, eran una ocasión perfecta para erosionar la credibilidad del gobierno de turno. Cada vez que insinuaba presentar una interpelación parlamentaria al respecto, o una simple pregunta a contestar por escrito, recibía el ultimátum de mis compañeros de fatigas de aquella localidad, de darse todos de baja. Tal era la imbricación entre los flixancos y una instalación industrial que consideraban suya. ¡La fábrica ni tocarla!.

 

Los dirigentes de Electroquímica eran plenamente conscientes de su posición dominante. Sabían perfectamente el tipo de residuos que echaban al rio. Eran plenamente conscientes de su impacto ambiental. Hicieron estudios para evitarlo, como no. Mejor: hicieron estudios para extraerlos del fondo del Ebro. Un ingeniero de la propia empresa los lideró, empujado más por su mala conciencia que por la estrategia empresarial. La dirección los desestimó. Los costes de extracción eran superiores a los beneficios de la recolocación en el mercado de los derivados de aquellos residuos. Y nos dejaron el marrón.

 

Se sacudieron el problema entonces, y pretenden externalizar los costes de su solución ahora. Tanto si extraemos los lodos como si los dejamos en el lecho del rio, cualquier movimiento en falso puede  dejar sin agua de boca a miles de ciudadanos de nuestras comarcas, y sin capacidad de riego  a las comunidades de regantes de ambos márgenes del rio. No extraerlos significaría mantener intacto el problema. Extraerlos puede adelantar la solución, o acercarnos anticipadamente al desastre. Pero no es de costes ambientales per se en se, que diría mi añorado Rubianes, de lo que quería hablar, sino del chantaje que han supuesto aquellos lodos tóxicos en manos de quienes los crearon.

 

Argumentó Ercros que el tema estaba prescrito; que ellos no se iban a hacer cargo de los gastos de su retirada; que debíamos pagarlo entre todos. Al leerlo, me imaginé a mi mismo en el Parlament, fustigando al Conseller de turno, y a mi amigo Escobar llamándome desde Flix para recriminarme la actuación. A fin de cuentas, diría él, tantas cosas absurdas pagamos entre todos, que esta -al menos- sirve para que el pueblo no muera, para que haya trabajo. Ese  ha sido el chantaje colectivo al que  nos ha sometido Ercros.

 

La empresa tiene libertad para cerrar la fábrica, en nombre del mercado. La ciudadanía de Flix tiene la obligación de dar la batalla para que ello no suceda, claro que si. Pero el resto de los ciudadanos tenemos el deber de apoyarles. No es un problema de Flix. Es un problema de toda la buena gente que  depende, en mayor o menor grado, del rio. Es un problema de los que amamos lo rural y no aceptamos que el poderoso nos deje el hambre y los residuos, y se lleve el pan. Flix sabrá dar la batalla desde sus argumentos, pero el resto de los ciudadanos hemos de explicarle a Ercros que estábamos dispuestos a pagar entre todos la retirada de los lodos tóxicos, conscientes de que -con ello- ayudábamos a los habitantes de la Ribera d’Ebre a ejercer su derecho a trabajar donde nacieron. Si les niegan este derecho, los que no dependemos directamente de aquella fábrica debemos romper el pacto, y el encargado de notificárselo a Ercros debe ser nuestro gobierno.

 

No es chantaje; es el negocio. No nos opusimos a subvencionar a la empresa, asumiendo a escote aquella externalización de costes ambientales, conscientes de que con ello ayudábamos al equilibrio territorial, a fijar población en Flix. Pero si la otra parte contratante no cumple sus compromisos, el contrato se anula y ya no hay negocio. Que paguen el daño ambiental causado, y que el pago revierta en Flix para intentar asegurar su futuro, siempre y cuando no haya marcha atrás y el negocio recupere vigencia.