Funcionario de ventanilla (Publicat al Diari de Tarragona, del dia 29 de juliol de 2012).

Funcionario de ventanilla (Publicat al Diari de Tarragona, del dia 29 de juliol de 2012).

30 novembre -0001 0:00 0 Comentaris

Funcionario de ventanilla

 

Una día cualquiera, a media mañana. Acudo al juzgado para presentar un documento. El funcionario me atiende sin dar replica a mi deseo de buenos días. No es que sea obligado deseármelos, pero sí que tal actitud debería formar de todo código de buenas prácticas. Desearle a alguien lo mejor ayuda a creer que tu ya estás instalado en ello. Lo dicen todos los libros de autoayuda.

 

Mira mis papeles. Me riñe: “esto no es aquí”. Le explico que no está en lo cierto. Que se trata de un procedimiento previsto en la ley, aunque no sea muy habitual. Refunfuñando, me registra la entrada. Observa que llevo tres ejemplares. El piensa que con dos sería suficiente. Me vuelve a reñir. Le digo que no, que el tercero es para la parte contraria. Me mira muy serio y me grita: “entonces lo debería de haber grapado”. No puedo más, y socarronamente le pregunto en que artículo de que ley se menciona lo de la grapa. El, al parecer, tampoco puede más, y me deja claro que no le estoy resultando nada agradable. Recojo la copia sellada y le dejo ahí, muy serio, me parece que insatisfecho. Me voy, con la sensación que los recortes del gobierno no ayudan a las buenas prácticas.

 

Traigo a colación esta anécdota, representativa del mal hacer de unos pocos malos funcionarios, que los hay, precisamente para enaltecer a los buenos, que son la inmensa mayoría. Actitudes como aquella son las que sirven a los gobiernos de turno, -incapaces de hacer frente a la hemorragia del fraude fiscal, a las tropelías de nuestras entidades financieras y a sus propias vergüenzas-, para dar apariencia de verosimilitud a mensajes que nos dicen que la culpa de la situación actual radica en lo poco que trabajan y lo mucho que cobran nuestros funcionarios. Luego pondrán en el mismo saco a parados, pensionistas, enfermos dependientes, autonomías y ayuntamientos, pero este análisis requiere algo más de media página en nuestro entrañable Diari.

 

El funcionario de administración es la cara del Estado para los ciudadanos. Nuestra percepción de cómo nos trata quien nos cobra los impuestos, dependerá muchas veces de esa cara. El funcionario “de ventanilla” es un servidor público, y los ciudadanos pedimos que nos atiendan amablemente y que nos resuelvan los problemas o, si no está en sus manos el resolverlos, nos indiquen el camino que demos tomar para intentarlo.

 

Es cierto que la inflación funcionarial derivada de la transformación del  Estado franquista en el Estado Autonómico, ha podido conllevar una cierta degradación del propio concepto de “función pública”, pero no lo es menos que ello no puede ser imputable en exclusiva al funcionario, sino a esos jefes que no han sabido formarlos, ni han sabido explicarles que el ejercicio de la función pública no es un simple empleo, sino algo mucho más noble que cualquiera de las alternativas laborales a las que hubieran podido optar.

 

Ese funcionario íntegro, que sin vulnerar el marco normativo busca soluciones en lugar de plantear problemas, es del todo imprescindible en una sociedad que se quiera a si misma. Ese funcionario de conducta recta e inalterable, gobierne quien gobierne, es una de las garantías de la democracia. Ese funcionario que sabe que “su plaza” es una concesión del pueblo, y no una gracia divina, es uno de los pilares en los que debe asentarse el estado de derecho. Me estoy refiriendo a ese funcionario harto, con razón, de aparecer a los ojos de sus conciudadanos como un zángano, un “toma cafelitos”, y un sospechoso permanente de enchufismo político.

 

La función pública es la más noble de las funciones, y deberían saber nuestros gobernantes que cuando vejan dichas funciones, directa o subliminalmente, afrentan aquella dignidad. Deberían saber que los primeros interesados en expulsar de sus mesas a los viciosos del escaqueo, los “arrasa moscosos”, los corruptos, los exageradamente yo-yo, los malcarados y los “vuelva usted mañana”, son los propios funcionarios; los auténticos funcionarios.