Natalia. (Publicat al Diari de Tarragona, el dia 12 d’agost de 2012)

Natalia. (Publicat al Diari de Tarragona, el dia 12 d’agost de 2012)

30 novembre -0001 0:00 0 Comentaris

Natalia.

 

MI amigo está a punto de ganar la medalla de oro en la mundial carrera del zapping televisivo. Enchufa la tele. Presiona el mando de dial en dial. No le gusta nada. Las telenoticias le deprimen. Las teleseries le aburren. Las películas …, ya las vio hace años en otro canal. Vuelve a empezar. No vaya a ser que en alguna que ponían anuncios haya algo interesante. De pronto su dedo índice se para. ¡Todos los goles de Messi 2012 una y otra vez!. Y ahí se queda. Ensimismado. Consumiendo un canal de propaganda institucional, que no le da quebraderos de cabeza, que le regala un referente social que no cobra impuestos (aunque tampoco los paga todos), y que aparece siempre en positivo, saludable, triunfador.

 

Todo colectivo necesita referentes, y las ciudades no son una excepción. La marea grana inundó Ourense, un 20 de junio de 2004, empujando al Nàstic a 2ª A. El Nàstic era entonces ese referente de ciudad, y debe volver a serlo muy pronto, se necesita, se le espera. Natalia fue nuestro referente el pasado lunes, y por su resultado de ese día no va a dejar de serlo. Como no deja de serlo Oscar, cuando renuncia a culminar una ascensión por mor de la prudencia. Ni Andrea, que ya tiene toda la plata del mundo, a pesar de rusas y chinas. Lo que nuestra sociedad necesita, especialmente en estos tiempos, es saber que Natalia, Oscar, Andrea, Berta, Laia, Ana, y tantos otros y otras pueden ganar, aunque formalmente no ganen. Lo que necesitamos es ilusión.

 

Los Juegos del Mediterráneo del 2017 están a la vuelta de la esquina. No queda mucho tiempo para ayudar a aquellos deportistas que deberán ilusionarnos el verano del año del gallo chino. Un año que empezará y terminará en domingo, y en el que se espera, para dos días después de Sant Magí, un eclipse total de sol. ¿Cómo va a irnos mal un año así?. Se ha hablado, y mucho, de la importancia de los juegos para situar a Tarragona en el mapa de las grandes ciudades. Hay un acuerdo general en aprovechar los Juegos para consolidar esa idea fuerza del Mediterráneo como un mar de paz. A fuerza de tortas, estamos convenciéndonos que será necesario un coctel de eficiencia, austeridad e imaginación para llevar la nave a buen puerto y no morir en el intento. Pero: ¿tenemos clara la brújula deportiva?.

 

No me refiero a ese despertar del deporte escolar que, a buen seguro, nuestros maestros y profesores van a conseguir con la excusa de los Juegos. No me refiero a los deportes colectivos profesionalizados, que tienen ya gentes que trazan sus caminos. Me refiero a esos nombres propios del Camp de Tarragona i les Terres de l’Ebre, que nos deben ilusionar desde semanas antes de que empiecen los Juegos, por los Juegos mismos. Esos de los cuales deberemos saber que van a competir para ganar. Esos que deben motivarnos para que cojamos el coche (ya ven, soy pesimista en cuanto al futuro del transporte colectivo del Camp, a cinco años vista) y nos vayamos a Tarragona. Que bajemos hasta la orilla del mar que justifica los Juegos, para  verlos correr, saltar, nadar, pedalear, o llevar las bolas lo más cerca posible del boliche.

 

Seguro que Natalia va a estar ahí, liderando esa idea. Ella, consumada su eliminación, ha comentado en público sus inseguridades después de un año plagado de infortunios físicos. Ha hablado de sus sensaciones mentales ante la falta de competición, de sus miedos. A los mortales nos gusta que nuestros referentes nos hablen así. Nos apetece verlos en un área de autopista comiendo macarrones, como nosotros. Los queremos humanizados, pero sin que renuncien a sus ganas de ganar. Los demás  sabemos que lo harán. Necesitamos creer que pueden hacerlo.

 

A punto de irse a la cama, mi amigo ya no se fija en los goles de su ídolo. Le queda solamente lo humano. Ese señalar al cielo para dedicarle un instante de felicidad a su abuela, dejándonos a los demás la ilusión por verle marcar de nuevo. Por ver de nuevoa Natalia regalándonos una ilusión, ya sea en la pista, ya sea en la vida.