Regresión ambiental. Regresión de la democracia. (Publicat al Diari de Tarragona, del dia 13 de gener de 2013).

Regresión ambiental. Regresión de la democracia. (Publicat al Diari de Tarragona, del dia 13 de gener de 2013).

30 novembre -0001 0:00 0 Comentaris

Regresión ambiental. Regresión de la democracia.

 

La Universitat Rovira i Virgili, que es ya mucho más que la hipotética Universitat de alguna de sus ciudades, a través del Centre d’Estudis de Dret Ambiental, ese sí, de Tarragona, ha organizado un seminario sobre el acceso a la justicia de las víctimas de daños ambientales. Lo ha hecho conjuntamente con la Asociación Interamericana para la Defensa del Ambiente. Sus sesiones, de gran nivel, han puesto en evidencia compartida la situación regresiva del derecho ambiental en los últimos años. Pasos atrás en lo legislativo; inoperatividad en lo ejecutivo y malformación economicista del concepto de sostenibilidad en lo judicial, son la expresión palmaria de aquella regresión.

 

La reforma a peor de nuestro sistema educativo, tiene maestros y niños por doquier, que la lloran y la protestan. Los recortes en sanidad, encuentran siempre una bata blanca dispuesta a la queja. Pero el paisaje, el ecosistema, la fauna y la flora imprescindibles para el equilibrio ni votan, ni tienen reconocidos  derechos propios. Diríase que en el campo ambiental ni el pataleo tiene categoría de derecho.

 

Nótese que, de un tiempo a esta parte, oímos a menudo expresiones que tienden a contraponer la necesidad de generar empleo con la “inoportunidad” de la defensa del medio ambiente. Provienen de los que siempre se han negado a internalizar los costes ambientales derivados de prácticas productivas llamémoslas “poco cuidadosas”. Los que no tienen más horizontes futuros que los de anteayer, ni mejor Dios que el dinero que acumulan. Son los mismos que trataban de “cromañones” a los que solicitaban trenes de velocidad alta en lugar de trenes de alta velocidad, y ahora, cuando ya se han lucrado, se quejan de la inviabilidad económica de sus propios y rapidísimos trenes. Son los que sonríen por lo bajini cuando observan el espectáculo del juicio a un tal Pallerols, que jugó e hizo jugar a apropiarse lo común en beneficio de quien todos creemos saber. Son los macarras de la moral.

 

Los ponentes del seminario, convencidos de que el futuro es irremediablemente acreedor de sus ideas, desgranaron la situación en sus respectivos países. Desde aquellos cuya constitución reconoce inclusive el principio de in dubio pro natura, hasta aquellos en que la necesidad de un medio ambiente saludable ni aparece en su carta magna. Pero eso sí, más allá del marco constitucional, la práctica totalidad de esos países ponían de manifiesto las grandes deficiencias de la gestión ambiental, la inexistencia de políticas ambientales preventivas y la inaplicabilidad del principio de reparación in natura.

 

Si a ello le sumamos unas administraciones de justicia faltas de especialización, y que prefieren abordar los daños ambientales desde ventanales de otras ramas del derecho como el urbanismo, la salud o la intimidad del hogar, y no desde el simple balcón medioambiental, nos encontramos con un instrumental jurídico que considera que la naturaleza es un bien a disposición de los mortales de hoy y no un préstamo de nuestros hijos y nietos, que deberíamos devolverles con intereses. Que la naturaleza,per se, no es sujeto de derechos, vaya.

 

La educación y la naturaleza son los mejores legados que podemos dejar a las generaciones futuras. Un territorio protegido, un común, nos hace más libres al hacernos más iguales. Cuando uno está en su casa, las diferencias sociales aparecen a cada rincón. Cuando uno se sienta al lado de otro a la vera de un rio, o se cruza con un coetáneo por cualquier camino de montaña, no hay distinciones, la naturaleza los iguala, y les recuerda que ellos desaparecerán y ella les sobrevivirá. Es por ello que la apropiación privada de una parte de ese medio común, atenta contra el principio de igualdad, contra la piedra angular de nuestras democracias. Es por eso que la regresión ambiental es una regresión de la democracia.