Responsabilidad Social (Publicat al Diari de Tarragona, el dia 25 de setembre de 2011).

Responsabilidad Social (Publicat al Diari de Tarragona, el dia 25 de setembre de 2011).

30 novembre -0001 0:00 0 Comentaris

Responsabilidad social

 

Asisto a la inauguración de una exposición sobre responsabilidad social corporativa (RSC), y mientras la comisaria de la muestra se esfuerza en explicarnos las bondades de su implementación, mis neuronas no dejan de interrogarse entre sí sobre el grado de responsabilidad social de algunos de nuestros servidores públicos.

 

La RSC para con los trabajadores debe servir para hacer la empresa más eficiente, para mejorar el ambiente laboral, para facilitar grados de compromiso más allá de la “maldición divina” que para algunos representa ir a trabajar y  para alcanzar mayores cotas de felicidad en el trabajo. Todo ello redunda, hoy ya nadie lo duda, en la generación de más y mejores excedentes en la cuenta de resultados. El buen ambiente, la íntima convicción de que mi empresa es la mejor en su sector y el  “yo le importo a mi empresa”, incrementa la productividad.

 

Si ello es así, algunos de nuestros servidores públicos son, corporativamente, unos irresponsables sociales. Ese mensaje siempre negativo, sobre lo mal que estamos y lo peor que vamos a estar, resulta nefasto para los ciudadanos. No creo que su voluntad sea la de azuzar las tendencias depresivas de todos y cada uno de nosotros, pero lo parece.

 

Un país que ha alcanzado las mayores cotas de íntima convicción sobre el hecho de que su sistema sanitario era de los mejores del mundo, no puede asistir impertérrito al cierre de quirófanos, de plantas enteras de hospitales o de centros de  asistencia primaria, si no es a riesgo de convertirse en un país de gente con demasiado miedo, de gente que no es plenamente libre. Un país que cierra sus universidades un mes al año, está lanzando un mensaje de pesimismo a sus gentes, muy difícil de amortizar.

 

No meter el riesgo reputacional como país, en el Excel de los tijeretazos, pude resultar muy peligroso. Como mínimo sirve para aumentar la distancia entre lo público y lo privado, y, a mi modesto entender, ello representa afectar la columna vertebral económica y social de Catalunya.

 

Nuestro país, el de verdad, el de ciudadanos libres, imaginativos, arriesgados, y con voluntad de crear riqueza, solo ha sido posible construirlo cuando el sector público ha acompañado al sector privado, sin vocación de sustituirlo ni de ser sustituido. Catalunya no saldrá de la crisis, en la forma en que debería salir, si no recupera el navegar conjunto entre lo público y lo privado.

 

Los tijeretazos sanitarios pueden llevarnos a la privatización del sistema, en una proporción que nunca ha sido la nuestra, la cual –dicho sea de paso- hasta hace pocos meses era un modelo exportado a medio mundo. Cerrar el ombligo del conocimiento durante todo un mes, no ayuda a creer en un modelo de excelencia universitaria, imprescindible para el buen funcionamiento de nuestra sociedad y nuestras empresas.

 

Me gustaría que nuestros dirigentes políticos dedicaran unos minutos cada día a pensar donde, como, cuando y cuanto pueden encontrarse sector público y sector privado, con la finalidad de mejorar la eficiencia de lo público y la responsabilidad de lo privado. Me gustaría, especialmente, que nuestros representantes territoriales en el Parlament, nuestros diputados y diputadas debatieran sus propuestas delante de los empresarios y trabajadores de estas comarcas, al margen del diktat de sus respectivas formaciones políticas, y con una visión simplemente territorial.

 

En su día fue posible la ampliación de Joan XXIII por una “pequeña encerrona” a los diputados territoriales del partido entonces gobernante, en el marco de una reunión conjunta de un diputado de cada partido con los trabajadores del centro, y a partir de una propuesta conjunta de un diputado del PP y uno del PSUC. Cuando me pregunto si hoy aquello sería posible, me contesto que sí, siempre y cuando encontremos dos diputados/as convencidos que lo público y lo privado deben darse la mano, si no queremos correr el riesgo de cerrar lo público y dejar sin potencial clientela lo privado.