Retratos de El Dorado: Venilson. (Publicat al Diari de Tarragona, el dia 30 de desembre de 2012).

Retratos de El Dorado: Venilson. (Publicat al Diari de Tarragona, el dia 30 de desembre de 2012).

Retratos de El Dorado: Venilson.

 

Llamémosle Venilson. Hace más de siete años que entró en España por Barajas, procedente de Brasil. Su amigo Maicon le había mandado un mail. Dinero fácil y mucho trabajo en la construcción, le decía. Le prometió quinientos euros por ir una mañana al notario y firmar unos papeles. Y firmó, vaya si firmó. No entendía nada, pero firmó.       Constituyó una sociedad mercantil. Se nombró administrador único, y otorgó poderes generales a favor de alguien a quien no conocía. Quinientos euros al bolsillo. Un maná, para quien de los elementos bíblicos que lo configuran solo conocía el hambre. Ni sabe dónde está Israel, ni Cristo fue nunca su referencia.

 

Su amigo Maicon tenía otro amigo en la costa. Llamémosle Filipy. Los puso en contacto. Filipy trabajaba para un empresario de la construcción. No tenía permiso de trabajo, pero daba igual. Se instaló en su piso, previo pago de unos cuatrocientos euros, a manera de fianza. Le acompañó a la obra, y empezó a trabajar. Con el tiempo les prometieron un contrato, y con la promesa un número de NIE, y con el NIE horas extra, y con las horas extra más salario. Lo dicho: El Dorado. Maicon tenía razón.

 

Una tarde, de regreso a casa, encuentra una citación en el buzón. Según entiende de lo que le cuentan en el juzgado, una mala persona ha cometido algunos delitos en su nombre. Ata cabos y empieza a maldecir aquella mañana que fue al notario. Le imputan por tal cantidad de hechos que se marea. Se lo cuenta a Filipy. Su amigo se horroriza: él había cobrado mil euros por hacer lo mismo. Al cabo de unas semanas el empresario los reúne. La cosa está muy mal. Estalla la burbuja y no hay crédito. Tendrá que rescindirles el contrato. La respuesta parece clara. Abrumados por la justicia y sin trabajo: nos volvemos a Brasil.

 

Hasta aquí un retrato más de ese El Dorado virtual en el que nos metieron los bajos tipos de interés, cuatro especuladores y más de una docena de bancos, al abrigo de ese paraguas llamado mercados, y de unos valores que nunca debimos abrazar. Pero la historia no acaba aquí. El empresario español oyó la palabra Brasil, y la guardó en su disco duro. Con la excusa de pagarle el resto de la indemnización, fue a verlo a su recuperada residencia carioca. Le propuso invertir los términos de la empresa. Venilson era brasileño; le había demostrado que era espabilado, honesto y trabajador; conocía el terreno y él no sabía hacer nada más que intentar ganar dinero levantando edificios. Fueron al notario en Brasil. Venilson -que les tiene alergia desde aquella aciaga mañana española- entendió esta vez lo que estaba firmando. Constituía una sociedad junto a su antiguo empleador y ahora socio. Él pasaba a ser el administrador y no otorgaba poderes a nadie. Esta vez no habría delitos, sino oportunidades.

 

La empresa funciona. El antes empleador español ya tiene a dos hijos trabajando en ella. Se trataba de elegir entre trabajar como pseudo arquitectos en Brasil o como cajeros titulados de cualquier gran superficie, en España. No lo dudaron. Quedarse en El Dorado quería decir oxidar los conocimientos adquiridos. Marcharse era una aventura, pero las aventuras acostumbran a tener horizontes. Inciertos sí, utópicos a veces, pero horizontes al fin. Si la sociedad que les había pagado los estudios era incapaz de retenerlos, debían buscar la TAE de sus becas en el extranjero, para poder capitalizarlas luego en su país. Prometieron hacerlo cuando este dejara de ser hostil a sus jóvenes generaciones.

 

Aquellos arquitectos no saben si volverán algún día a España para trabajar en lo suyo. Si saben que, hoy por hoy, adquieren la imprescindible experiencia para hacerlo, aunque sea lejos de donde nacieron, vivieron y estudiaron. A pesar de los pesares, se sienten afortunados. No han tenido necesidad de venderse por quinientos euros para pagarse su primera comida en Brasil. Ellos vienen de El Dorado.