Trabajar como chinos (Publicat al Diari de Tarragona, el dia 11 de març de 2012).

Trabajar como chinos (Publicat al Diari de Tarragona, el dia 11 de març de 2012).

30 novembre -0001 0:00 0 Comentaris

Trabajar como chinos.

 

El señor Juan Roig, o el señor Mercadona, como prefieran ustedes, ha hecho el mejor resumen posible de los contenidos de la reciente reforma laboral: “se trata de dejar de trabajar como europeos y pasar a trabajar como chinos”. Hablo de “reciente” reforma laboral, y no de “última” en la medida en que los ciudadanos de estos lares levamos toda la vida corriendo hacia una imprecisa reforma laboral, al parecer sin alcanzar nunca sus doradas playas. Uno llega a dudar de que estas playas existan, o de que los predicadores de la reforma sepan exactamente lo que quieren, más allá de su voluntad de seguir transfiriendo rentas desde los asalariados hacia el capital. (Ya nos temíamos algunos que Karl Marx no había muerto; que solo estaba de parranda).

 

La reforma laboral del señor Rajoy tiene, a mí modesto entender,  dos grandes ejes: hacer más barato el coste del trabajo y reducir la capacidad de negociación laboral colectiva. En los últimos tiempos hemos asistido a una vociferada colectiva antisindical, presentando a los instrumentos colectivos de defensa de los derechos de los trabajadores poco menos que como sus enemigos naturales. Hemos escuchado ataques en toda regla contra los “parásitos sindicales”, “los que no se ocupan de los parados”, “los que viven del cuento de las horas sindicales”, y un largo etcétera. Es evidente que en algunos casos puede haber habido excesos contraproducentes, como en todo grupo humano, pero no lo es menos que en su inmensa mayoría los representantes sindicales han sido, y siguen siendo, el mecanismo más eficaz -cuando no el único-  a la hora de compensar el desequilibrio existente entre empresario y trabajador.

 

Hace unos días, viendo por televisión la reposición de Gladiator, no pude por menos que visualizar varias veces la escena de la primera salida a la arena del circo del militar romano reconvertido a gladiador. Ante la aparición de sus rivales, armados hasta los dientes y montados en insuperables carrozas, él, de pie y con una única espada, les grita a sus compañeros: “Agrupémonos. Solo así tenemos posibilidades de resistir. Si luchamos uno a uno, por separado, nos matarán a todos.”. Hispano no fue nunca un líder sindical, solo era alguien con sentido común, consciente de que a la superior fuerza de tu contrincante solo puedes oponerle la fuerza colectiva de los que no tienen más capital que sus propias manos.

 

Los sindicatos mayoritarios de este país han dado muestras constantes de su sentido de la responsabilidad, a las duras y a las maduras, y pretender liquidarlos, negándoles la posibilidad de intervenir en el establecimiento de las condiciones de la mayoría de relaciones laborales, supone dejar al trabajador solo e indefenso frente a quien tiene la posibilidad de darle o no darle trabajo. Empresario y trabajador no pueden verse como entes antagónicos en un proceso de creación de riqueza; pues bien: la premisa básica de la reforma laboral reciente parece ser la contraria. Y todo en nombre de la modernidad, la flexibilidad y la necesidad de crear empleo.

 

Una modernidad que fundamentan en la desregulación de todo tipo de mercados, mientras recitan de carrerilla lo del Estado Social de Derecho; una flexibilidad que equivale, estadística en mano, a precariedad e  inestabilidad; y una necesidad de crear empleo que se da de bruces con el cierre del grifo del crédito, los recortes públicos a diestro y siniestro, y las mayores facilidades para el despido.

 

En China ya tienen todo esto. La gente trabaja más horas de las que puede. Los derechos laborales brillan por su ausencia. Los trabajadores malviven en colmenas, preñadas -eso si- de las virtudes occidentales del ladrillo. Y los sindicatos no existen. Hacia ahí apunta nuestra reforma laboral reciente. Hacia ahí quieren que apunte nuestro futuro.

 

El presidente de Mercadona lo tiene claro: algo de pan para hoy (que no es poco), a cambio de quedarse con todas las semillas del mercado, aislar a los payeses y eliminar sus cooperativas. Me gusta su sinceridad: debemos admirar a los chinos. Todo a cien; el pan y el salario. Y no te quejes, si no quieres quedarte sin salario.